Confabulaciones y configuraciones de una misma escritura literaria

Face to face with nature on the vast hills at eventide, who does not feel himself near to the Unseen?
W.H. Hudson

Every river from the Yaguaron to the Uruguay had run red with Colorado blood.
W.H. Hudson

 

Si esta época tiende a ignorar jurisdicciones y a confundir las nociones de nación y narración, no solo porque sus sonidos coinciden en parte y las aliteraciones contribuyen a asimilar el sentido que guardan las palabras, no parece redundante volver a considerar aquellas obras que dan cuenta de tierras y gentes desde una perspectiva que, atendiendo las proximidades de la historia, no descartan la universalidad. Este trabajo se propone ir al encuentro de Tierras & gentes (1), un tema que, al abordarse desde la perspectiva literaria y comparada, intenta proponer una visión que, sin dejar de ser local, contemple otros lugares, o aun más allá, (quizás con mayúscula). En el acontecimiento literario la palabra tiene lugar, y esa espacialización que da lugar a un episodio particular revela la promesa de algo más o mayor, una inminencia de universalidad en la que tierras, ajenas y propias, las gentes que las habitan, los movimientos exteriores e interiores que estremecen a ambas, los textos, su literalidad y figuración, los recursos de la ciencia y de la imaginación, de la historia y poesía, se cruzan en un lugar común, el sitio de cruce, un lugar crucial donde las palabras, como si nacieran de un solo nombre (2), coinciden en profundidad. Misterios de figuras, números, nombres, que se dispersan para volver a reunirse cifrándose en un punto, avalando el reconocimiento de que "The words are many but the word is One." (3)

Si parte del pensamiento contemporáneo se fundó en el anuncio de un filósofo que, para meditar sobre la diferencia, se propuso hablar de una letra y así, al avanzar en su propósito, imprimió un giro epistemológico a los estudios literarios y a las disciplinas que, para bien o para mal, se nutren de ellos, no parece restrictivamente desmesurado hablar de un título. En este caso, me detendré en el título de una novela, La tierra purpúrea (que traduce de The Purple Land), la figura literaria con la que, a partir de su difusión, se suele denominar un pequeño país, el Uruguay, pero que alcanza, a partir del acierto literario, una medida global. Más por esa desmesura que por rivalizar con la denominación oficial, la fórmula parece afortunada para atender la ambivalencia relativa del binomio que propone este Encuentro.

La conocida novela de William Henry Hudson se desarrolla en un país del Río de la Plata. Sin embargo, y descontando las parcialidades del interés patriótico, las figuraciones del fresco histórico y la animación de una argumentación mítica, trataré de introducirla en una dimensión diferente. Si bien el libro trata de mi tierra y de su gente, está escrita originalmente en inglés. Más que narrador de la novela, el autor es su héroe: un personaje heroico que hace de las vicisitudes de su gesta personal una epopeya rural casi bucólica. El protagonista se denomina Richard Lamb; su nombre evoca un cordero pero, más allá de la traducción, recuerda a un inglés místico y trashumante, como el Ulises de otro Lamb. Este personaje se identifica con los recuerdos y sentimientos del propio autor; es suya la curiosidad de viajero extranjero quien, entre errancia y éxtasis, recorre la campaña en tiempos de violencia a través de un país al que prefiere evocar como la Banda Oriental: "En aquellos sencillos días, [cuando] el moderno y retumbante nombre de La República Oriental del Uruguay, era, por fortuna, desconocido."(4) En la segunda mitad del siglo XIX, hacia fines de los años sesenta "when the country was still in the condition in which it had remained since the colonial days, when the ten years' siege of Montevideo was not yet a remote event, and many of the people one met had had a part in it." Son las palabras finales del libro, de un pequeño apéndice de Hudson, una especie de colofón donde resume en forma escueta una "Historia de la Banda Oriental" y de las instancias que le conciernen.

Argentino, nacido en 1841 en la Provincia de Buenos Aires, de padres norteamericanos hijos de ingleses (Daniel Hudson y Caroline A. Kimbler), William Henry Hudson murió en Londres (5), en 1922 de nacionalidad británica, identidad que reivindicó, probablemente, no solo para ser destinatario de una pensión del estado -que alguna vez se ha argumentado- sino porque, en cierto sentido, entre los varios sentidos, también él era un "Victorian subject ".(6) Escribe y publica su novela, y muchos libros más, en un Londres cuyas condiciones históricas, sociales y materiales corresponden al reinado de la Reina Victoria (1837-1901), del que no se siente desvinculado. Luego de su partida de la Argentina, en 1869, Londres fue su morada aunque su "verdadera existencia terminó" según decía, cuando se alejó del "círculo mágico de la pampa",(7) cuando su territorio, poblados y pobladores devinieron recuerdos, imaginación y nostalgia en una misma escritura. Un problema de identidades cruzadas y la inevitabilidad de comparaciones que el criollismo recio y artero por el que Borges atravesaba en los años 20, resuelve, en términos generales, a favor del forastero inglés en desmedro del orden autoritario de los alemanes, de la soberbia crítica de los franceses y la soberbia prescindente de los españoles:

"Los ingleses -algunos-, los trashumantes y andariegos, ejercen una facultá de empaparse en forasteras variaciones del ser: un desinglesamiento despacito, instintivo, que los americaniza, los asiatiza, los africaniza y los salva." (8)

Según ese primer Borges, La tierra cárdena -así la denomina- es una secuencia de aventuras peleadoras y lances de variado amor donde no deja de asombrar el horizonte de una redención que asoma sobre la tierra. En su luego denostado afán de derivación neológica, dice de Hudson en particular: "inglés chascomusero y hombre de ciencia universal que, en pleno siglo XIX, en pleno progresismo y despuesismo, ensalzó la criollez." En su ensayo "Sobre 'The Purple Land' ", Borges reconoce a Hudson como el mayor escritor de literatura gauchesca y no duda en incluir su obra primordial entre las de sus escritores preferidos.(9)

¿Será por esa categorización vernácula que, sorprendentemente, no lo menciona ni una sola vez en los cursos de literatura inglesa (10) que dicta en Buenos Aires? Sin embargo, le dedica unas líneas en su "Introducción a la literatura inglesa",(11) junto a Robert B. Cunninghame Graham. Según Borges, este "escritor, agitador, político, cuentista, viajero y explorador" reivindica la amistad londinense iniciada en recorridos y gustos compartidos en el Río de la Plata: "Conozco cada río, paso y pago por donde atravesó el héroe de este relato, montado en su flojo y gordo mancarrón."

Cunninghame nace en Londres y muere en Buenos Aires, declarando haber influido en Hudson para que publicara de nuevo "su interesante y encantador idilio uruguayo"(12) . En el prólogo a la edición española y argentina de La tierra purpúrea (13), ese amor figura en subtítulo, entre paréntesis: "Un idilio uruguayo". El amor y la tierra o el amor a la tierra desde el principio, ya que el género "idilio"(14) lo remite a un amor tectónico y la composición poética pastoral que originalmente designa, más que a otras pasiones.

En su Antología de la Literatura Argentina,(15) Pedro Henríquez Ureña lo considera uno de los autores clásicos de esa literatura y -aunque escrito en inglés- incluye el capítulo final "El Uruguay",(16) traducción restringida de "Good-bye to The Purple Land (Cap. XXVIII)", habilitando una regionalización premonitoria a partir de la identidad discutible de su autor. De la doble naturalidad de su estilo decía Joseph Conrad: "Escribe como crece la hierba." (17) Ezequiel Martínez Estrada le dedica un espléndido libro El Mundo Maravilloso de Guillermo Enrique Hudson,(18) donde insiste sobre la apasionada atracción telúrica que ejerce la tierra purpúrea en el narrador: "En cada sitio que visita hubiera podido quedarse para siempre" (19) y la incitación sentimental solidaria que comparte con el lector a partir de la íntima cohesión doméstica -son sus palabras- de las novelas pasionales (20) entre las que no vacila en inscribir sus autóctonas credenciales. Miguel de Unamuno escribe el epílogo de una obra que encomia desde el principio: "Soberbia obra! No conozco otra, en español, que me haya dado mejor lo que se me antoja llamar el alma del Uruguay." Sin duda exagera tanto en relación con una denominación antojadiza como con la obra. El libro le recuerda el Quijote, por el efecto de descripciones de "el paisaje que hace del paisanaje oriental, un paisaje interior; como en Cervantes." Termina Unamuno su epílogo, citando a Hudson y su querencia entrañable por los lugares donde "vivió y amó -soñó amar-". A Unamuno le interesa señalar la íntima condición afectiva que mantiene, aun después de haber accedido a la britanización adoptiva, en un "United Kingdom" que es puro amor, pureza primitiva apta para dirimir los dilemas que oponen con facilidad barbarie y civilización:

"Y del reino unido de su corazón sacó el alma de esos lugares, encerrada en sus mujeres, para dárnosla en este libro. Y por debajo, como resaca de tragedia, se siente el rumor de las luchas de Blancos y Colorados. Todo un poema el libro!".

Es Thedore Roosevelt quien escribe la nota introductoria ("The Introductory Note") en la edición que E.P. Dutton publica en 1916, y de la que se realizará, hasta 1927, diez impresiones consecutivas. En la portada, al mencionar el nombre del autor, dice: "Author of 'Green Mansions' ". Expresa su reparo ante una edición que debiera haber incluido "El Ombú", Idle Days in Patagonia, y Naturalist in La Plata y, muy convencido, opina que "los escritos de Hudson forman parte de esa muy pequeña clase de libros que merecen el título de literatura.(21) Roosevelt insiste en que su libro más notable es "El Ombú" porque "da el alma misma de la tierra (...) and nowadays the soul is changing as rapidly as the land itself." Considera que Hudson ha hecho por el gaucho lo que Herman Melville hiciera por los balleneros, atribuyendo su estatuto literario al "jinete salvaje de las Pampas", al dueño de ranchos, "solitario bajo el ombú solitario" y, sobre todo, porque "Narra la feroz y sangrienta carencia de leyes, el esplendor y la vasta soledad del país donde ocurre esa vida fervorosa", una épica de la que otras latitudes parecían carecer y necesitar.

Son varias las limitaciones de tiempo y tema que me imponen las circunstancias de manera que solo me restrinjo a formular las primeras incursiones sobre el tópico de una hipóstasis a contrapelo en el que las grandes pasiones se verbalizan y confunden con la tierra como el verbo en carne. Habrá que internarse en otros misterios que aún reserva esa terra incognita y purpúrea de la novela. Demasiado conocida, "desde el Sinaí pelado del Cerro",(22) como decía Borges aludiendo al Cerro de Montevideo, pierde, por familiaridad, el otro mundo del texto, la ilusión de ayudar a que lo oscuro ascienda hacia la luz, movimientos trascendentes del ánimo que fueron aludidos, en forma coincidente, por quienes se interiorizaron del libro y de las fervores que ha suscitado.

Por esta vez permanecemos en los márgenes del libro, en esos umbrales que, menos poéticamente, fueron denominados "paratextos" en tiempos en los que la voluntad de verdad en literatura recurría a los procedimientos de análisis, favoreciendo el reconocimiento de elementos, de sus relaciones, los definía y prodigaba con denominaciones y formulaciones precisas. Eran etapas en las que la austeridad teórica respondía al llamado de la técnica, de clasificaciones, categorías, sistemas, reservándose, al mismo tiempo, meditaciones en los márgenes, reconocimiento de "cordones",(23) de marcos y marcas, que las manifestaciones artísticas del siglo supieron soslayar anticipando la derogación de fronteras, el tránsito que desconoce jurisdicciones extendiendo fantasmal un "no man's land" mundial donde navega a sus anchas quien así lo dice y propicia. Era natural y previsible que, centrando la atención en los límites, en los bordes, el interés por las obras disminuyera y que los contextos, los puentes que se tienden entre la obra y su entorno importaran tanto como las obras mismas. Los escritos iniciales, finales, paralelos, del propio autor, de otros autores y lectores que se refieren a la figura y obra de Hudson, no solo pretenden superar los límites de una patria particular, las reducciones del recinto nacional, de un país, paisaje y paisanos, sino intentan acceder a otro espacio literario, un espacio casi sagrado, maqom (24)- musitaría en hebreo para orientar una dirección hermenéutica deslocalizada y cortar camino hasta el Más Allá o llegar a una literatura que habilita el lugar interior donde la Eternidad se hace de algún tiempo, en presente:

"Ricardo Lamb sí es eterno. Es el héroe de toda fábula, es el quijote normalísimo al que le basta ser esperanzado y audaz, como a las mujeres buenas y lindas." (25)

En este caso, las aventuras que la novela cuenta inducen la ilusión hacia alguna instancia anterior -o posterior, el tiempo no cuenta-, una instancia donde el conocimiento y la imaginación se apropian tanto de las exigencias del relato como de la más precisa observación de cuchillas que cortan ásperas praderas. Poeta y naturalista, Hudson cuenta sus correrías con la misma ardiente solvencia con que ilustra sobre paisajes, personas y pájaros. Las invasiones y claudicaciones de los ingleses en sus beligerantes campañas le importan no mucho más que las iluminaciones chispeantes de los insectos. A la luz de esas "linternas" los acontecimientos se iluminan en una verdad mayor: la naturaleza confunde hombre y tierra en un mismo polvo, y la religión lo afirma. En alguna oportunidad, Hudson había dicho de sí mismo: "Mi carne y la tierra, el calor de mi sangre y el del sol, los vientos y las tempestades de mis pasiones no son sino una y la misma cosa." (26)

Diez años después de haberla escrito, en 1885, W. H. Hudson logra que esa, su primera novela, fuera publicada por Messrs. Sampson Low, en Londres. En el breve prefacio que introduce la edición de 1904 (Londres por J. M. Dent & Sons Ltd.) informa sobre la fecha de su publicación, sobre los editores, se detiene a recordar el título inicial que, según él: "longer and, to most persons, enigmatical [title] of THE PURPLE LAND THAT ENGLAND LOST." Sigue conservando el subtítulo, BEING THE NARRATIVE OF ONE RICHARD LAMB'S ADVENTURE IN THE BANDA ORIENTAL IN SOUTH AMERICA, AS TOLD BY HIMSELF.

Aunque el autor no lo exprese de esta manera, nos enteramos, a partir del prólogo, que son varias las pérdidas: dice el autor haber omitido un capítulo referido a la "Story of a Piebald Horse", incluido en la edición reciente de otro libro: El ombú (ambas palabras escritas en español, tanto el artículo como el nombre del árbol que aparece con el tilde, desconocido en inglés) y reducido "the tedious introduction" de la edición anterior, de la que conserva solamente el apéndice, "la parte histórica, para aquellos de sus lectores que quisieran conocer algunos hechos sobre "the Land that England Lost", recuperando de esa manera, más disimulada y, sin embargo, más concluyente, la -según él- enigmática expresión que había suprimido en un principio.

Los prefacios, de la misma manera que los comienzos de un texto cualquiera, suelen ser un género apropiado para hablar de títulos, y de los propios prefacios. Se trata de un procedimiento incoativo casi convencional, parte de una retórica autorreferencial del comienzo que suele empezar por retroceder, un paso atrás, generalmente, explicando el título, llamando la atención sobre un texto anterior, sobre un objeto literario precedente o, simplemente, sobre el pasado en el que se origina la obra. Si bien el "prólogo es una especie lateral de la crítica" (27) y su denominación alude a la anticipación que es su función, el autor dirige su vista -induciendo la del lector- hacia un objeto anterior, que quedó atrás: la pérdida de Inglaterra, la pérdida de parte del título, dan su lugar a las andanzas y amores transcurridos en un país demasiado lejano y hace muchos años. En este caso, el prefacio de Hudson confirma ese gesto: "tis of our gains, not our losses, we keep count."

El título es llamativo. Hudson mismo le da esa dimensión diferente de la que se hablaba al principio: "A purple land may be found in almost any region of the globe." Más allá de los localismos que su vocabulario invoca (tropilla, pulpería, chiripá, bota-de-potro, domador, carne con cuero, tantos nativismos más) y de las alternativas pintorescas que narra, la novela contrae en una misma búsqueda -retórica, poética, mística- las dos direcciones que determinan el pacto de la imaginación: por un lado, los riesgos del espacio clausurado, el tiempo, si no detenido, el recinto donde se registran las luchas, radican las pasiones, el "sitio".

Montevideo, la ciudad sitiada que pasa a la crónica con "the mournful appelation of"(28) una pequeña o moderna Troya,(29) "una ciudad de batallas, crimen, y muerte repentina", "las calles rojas de sangre, y miedo" dice la copla que, en inglés, traduce el autor. Por otro, los desafíos del espacio abierto a todas las aventuras, la imprevisibilidad de los encuentros, las emboscadas de un derrotero que el azar, a su manera, no determina, los avatares de lo desconocido, el descubrimiento de lo sobrenatural y la fabulación que no lo explica, los accidentes que cifra la fatalidad y de los que alguien cuenta sobre Nadie, un personaje que, sin embargo, no es anónimo.

El libro reúne a ambas direcciones en una misma misión. Richard Lamb recorre un itinerario circular y el círculo se cierra precisamente cuando el narrador le cuenta a la mujer (Demetria Peralta), al mismo tiempo que la salva, su intención de escribir una novela que está a punto de terminar (Cap. XXVIII). La vuelta a la familia no se distingue de la fuga con Demetria, repitiendo en pliegue, en espejo, la fuga con Paquita que realiza para huir de su familia. Vuelve para irse, anunciando al final de The Purple Land la futura escritura de esa misma novela que ya está por terminar.(30)

En esos trámites arriesga una apuesta circular y el término la formula en un verbo y un sustantivo que no se diferencian; una gramática y semántica diversa es clave de la misma imaginación, donde el sitio (dentro de un círculo) y las andanzas (el movimiento de la circulación) se contraen en una figura sin fin ni principio que, sin embargo, clausura un espacio interior y rodeado sin dejar de ser movimiento. La obra termina cuando está por empezar.

No solo relata los enfrentamientos sangrientos entre bandos contrarios y hombres de armas tomar, una ciudad que no se ha recuperado de los efectos de la revolución o que siempre se encuentra en vísperas de otra, un país empapado en sangre por invasiones y sitios, por la violencia de sus pobladores y de los asedios de sus invasores. La violencia parece natural "if a man did not grow accustomed to shed blood in this world, his life would be a burden to him."(31) De los desbordes de una vida primitiva, casi salvaje, de un río que enrojece la tierra, de una tierra donde la sangre corre en ríos,(32) tal vez como en toda la tierra porque si nos atenemos a las palabras, a los orígenes, a los mitos de un pasado edénico los hombres y la tierra se identificaban en una unidad primordial que es purpúrea como la tierra del título. (33)

Para distinguir la nacionalidad, el derecho recurría a dos criterios como dos maneras de ser o de nacer antagónicas: o la tierra o la sangre (34) que, sin embargo, se pueden cruzar. Ni las legitimaciones del derecho ni los abusos del horror dejan de pasar por alto que la tierra, el hombre, la sangre, como la tierra, primera y humana, responden a una única y misma voz que la naturaleza exalta.

Lisa Block de Behar
Bahía, 2000


(1) En junio del año 2000 tuvo lugar el VII Congreso de ABRALIC sobre el tema "Terras & Gentes", en Bahía, Brasil. El presente escrito fue presentado en la mesa redonda sobre "Reconfigurando identidades: o comparatismo na era dos Estudos Culturais e Pós-Coloniais". compartida con Tania Franco Carvalhal, Eduardo Coutinho y Jean Bessière
(2) Claude Vigée. Dans le silence de l'aleph. "La mélodie de l'Un". Paris. Albin Michel, 1992.
(3) Jorge Luis Borges cita a Chesterton en Discusión. Obras completas. Emecé, Buenos Aires, 1974. P. 231.
(4) Robert Cunninghame Graham. W.H. Hudson. La tierra purpúrea. Agencia General de Librería y publicaciones. Buenos Aires, Montevideo (Sin fecha). El epílogo de Miguel de Unamuno es de 1927. La misma edición se publica en España. Sociedad General Española de Librería. Madrid, 1928. Versión castellana y notas biográficas de Eduardo Hillman.
(5) "Poco tiempo después de su muerte se elevó una estela monumental a su memoria en el Hyde Park, en el mismo lugar donde acostumbraba a dar de comer en la mano a las palomas y escuchar la algarabía vespertina de los gorriones, tan semejantes a él, según las descripciones de quienes conocieron su figura y sus predilecciones. La inscripción, bajo la figura de Rima, que lo representa en su auténtica condición de ser casi inmaterial, dice que amó la luz, los campos verdes y que vio el esplendor del manto de Dios." El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson. Ezequiel Martínez Estrada. Fondo de Cultura Económica. México - Buenos Aires. 1951. P. 76. La estela, las inscripciones y la fuente en que se reflejan se encuentran en el llamado "Birds Sanctuary" de Hyde Park.
(6) J. Hillis Miller. Victorian Subjects. Simon & Schuster. New York, London, 1990.
(7) J.L. Borges. Otras inquisiciones. "sobre "The Purple Land". Obras Completas. Op. Cit. P. 735. Había sido publicada como "Nota sobre 'The Purple Land'" en LA NACION, 3/8/1941.
(8) J.L. Borges. El tamaño de mi esperanza. 1a. ed. PROA. Buenos Aires, 1926. Seix Barral. Buenos Aires, 1993. Ps. 33- 37
(9) Emir Rodríguez Monegal. J.L.Borges, biographie littéraire. París, 1983. P. 242.
(10) Borges Profesor. Edición, investigación y notas de Martín Arias. y Martín Hadis. Curso de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires. Emecé. Buenos Aires, 2000.
(11) J.L. Borges con María Esther Vázquez. "El siglo XIX. La prosa". Introducción a la literatura inglesa. Obras Completas en colaboración. (1965) Emecé. Buenos Aires, 1979.
(12) R. Canninghame Graham se refiere a la 2a. ed. en inglés, de 1904.
(13) W.H. Hudson. La tierra purpúrea. Ibidem
(14) El término procede del latín del Renacimiento y designa como idillyum (del gr. eidullion), "pequeño poema" que designaba, según los eruditos bizantinos, los poemas de Teócrito, a los que hasta ahí se denominaban églogas o bucólicas.
(15) Pedro Henríquez Ureña y Jorge Luis Borges. Antología clásica de la literatura argentina. Editorial Kapelusz y Cía. Buenos Aires. (19--)
(16) En la traducción de Eduardo Hillman.
(17) Cita de J.L. Borges. "Introducción a la literatura inglesa." Op.Cit. P.839
(18) Ezequiel Martínez Estrada. El Mundo Maravilloso de Guillermo Enrique Hudson. Op.Cit.
(19) Ibidem, 190.
(20) Ibidem. P. 195.
(21) Theodore Roosevelt. "An Introductory Note". E.P.Dutton and Company. New York, 1916.
(22) Borges. "La tierra cárdena". El tamaño de mi... . Op.cit.
(23) Lisa Block de Behar. Una retórica del silencio. Sobre las funciones del lector y los procedimientos de la lectura literaria. Siglo XXI editores, México, 1984.
(24) En hebreo significa "lugar". "Maqom est ce mot mystérieux par lequel la tradition désigne souvent Dieu lui-même." C. Vigée. Op.cit.P. 49.
(25) J.L. Borges. "La tierra cárdena". El tamaño de mi esperanza. Op.cit. P.36.
(26) Hudson. Hampshire Days. Citado por Martínez Estrada. Op.cit. 283.
(27) J.L. Borges. "Prólogo de prólogos." Obras Completas. Tomo IV. Buenos Aires, 1996. P.13.
(28) Hudson. La tierra purpúrea. Op.cit. P. 8.
(29) Ibidem.
(30) Hudson The Purple Land: "Do you know, Demetria," I said, "when the long winter evenings come, and I have plenty of leisure, I intend writing a history of my wanderings in the Banda Oriental, and I will call my book The Purple Land; for what more suitable name can one find for a country so stained with the blood of her children? You will never read it, of course, for I shall write it in English and only for the pleasure it will give to my own children -if I ever have any- at some distant date, when their little moral and intellectual stomachs are prepared for other food than milk. But you will have a very important place in my narrative, Demetria, for during these last days we have been very much to each other. And perhaps the very last chapter will recount this wild ride of ours together, flying from that evil genius Hilario to some blessed refuge far away beyond the hills and woods and the blue of the horizon." Op. Cit. P.330.
(31) W.H.Hudson. The Purple Land ..... J.M. Dent & Sons Ltd. London, 1904.
(32) Dice Hudson "since the last wave, crested with bloody froth, rolled its desolating flood over the country." Ibidem P. 13.
(33) En el prólogo de Far away and long ago, Robert Canninghame Graham dice: "De todos los escritores que recuerdo, Hudson es el que más se acercaba a la naturaleza. Era en sí la naturaleza personificada." Londres, 1904. Trad.: Allá lejos y hace tiempo. Edit. Peuser. Buenos Aires, 1953.
(34) "Jus sanguinis" y "jus soli".

 

 

 

 


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