Face to face with nature
on the vast hills at eventide, who does not feel himself
near to the Unseen?
W.H. Hudson
Every river from the Yaguaron
to the Uruguay had run red with Colorado blood.
W.H. Hudson
Si esta época tiende a ignorar jurisdicciones y
a confundir las nociones de nación y narración,
no solo porque sus sonidos coinciden en parte y las aliteraciones
contribuyen a asimilar el sentido que guardan las palabras,
no parece redundante volver a considerar aquellas obras
que dan cuenta de tierras y gentes desde una perspectiva
que, atendiendo las proximidades de la historia, no descartan
la universalidad. Este trabajo se propone ir al encuentro
de Tierras & gentes (1), un tema que, al abordarse
desde la perspectiva literaria y comparada, intenta proponer
una visión que, sin dejar de ser local, contemple
otros lugares, o aun más allá, (quizás
con mayúscula). En el acontecimiento literario la
palabra tiene lugar, y esa espacialización
que da lugar a un episodio particular revela la promesa
de algo más o mayor, una inminencia de universalidad
en la que tierras, ajenas y propias, las gentes que las
habitan, los movimientos exteriores e interiores que estremecen
a ambas, los textos, su literalidad y figuración,
los recursos de la ciencia y de la imaginación, de
la historia y poesía, se cruzan en un lugar común,
el sitio de cruce, un lugar crucial donde las palabras,
como si nacieran de un solo nombre (2), coinciden
en profundidad. Misterios de figuras, números, nombres,
que se dispersan para volver a reunirse cifrándose
en un punto, avalando el reconocimiento de que "The
words are many but the word is One." (3)
Si parte del pensamiento contemporáneo se fundó
en el anuncio de un filósofo que, para meditar sobre
la diferencia, se propuso hablar de una letra y así,
al avanzar en su propósito, imprimió un giro
epistemológico a los estudios literarios y a las
disciplinas que, para bien o para mal, se nutren de ellos,
no parece restrictivamente desmesurado hablar de un título.
En este caso, me detendré en el título de
una novela, La tierra purpúrea (que traduce
de The Purple Land), la figura literaria con la que,
a partir de su difusión, se suele denominar un pequeño
país, el Uruguay, pero que alcanza, a partir del
acierto literario, una medida global. Más por esa
desmesura que por rivalizar con la denominación oficial,
la fórmula parece afortunada para atender la ambivalencia
relativa del binomio que propone este Encuentro.
La conocida novela de William Henry Hudson se desarrolla
en un país del Río de la Plata. Sin embargo,
y descontando las parcialidades del interés patriótico,
las figuraciones del fresco histórico y la animación
de una argumentación mítica, trataré
de introducirla en una dimensión diferente. Si bien
el libro trata de mi tierra y de su gente, está escrita
originalmente en inglés. Más que narrador
de la novela, el autor es su héroe: un personaje
heroico que hace de las vicisitudes de su gesta personal
una epopeya rural casi bucólica. El protagonista
se denomina Richard Lamb; su nombre evoca un cordero pero,
más allá de la traducción, recuerda
a un inglés místico y trashumante, como el
Ulises de otro Lamb. Este personaje se identifica con los
recuerdos y sentimientos del propio autor; es suya la curiosidad
de viajero extranjero quien, entre errancia y éxtasis,
recorre la campaña en tiempos de violencia a través
de un país al que prefiere evocar como la Banda Oriental:
"En aquellos sencillos días, [cuando] el moderno
y retumbante nombre de La República Oriental del
Uruguay, era, por fortuna, desconocido."(4) En
la segunda mitad del siglo XIX, hacia fines de los años
sesenta "when the country was still in the condition
in which it had remained since the colonial days, when the
ten years' siege of Montevideo was not yet a remote event,
and many of the people one met had had a part in it."
Son las palabras finales del libro, de un pequeño
apéndice de Hudson, una especie de colofón
donde resume en forma escueta una "Historia de la Banda
Oriental" y de las instancias que le conciernen.
Argentino, nacido en 1841 en la Provincia de Buenos Aires,
de padres norteamericanos hijos de ingleses (Daniel Hudson
y Caroline A. Kimbler), William Henry Hudson murió
en Londres (5), en 1922 de nacionalidad británica,
identidad que reivindicó, probablemente, no solo
para ser destinatario de una pensión del estado -que
alguna vez se ha argumentado- sino porque, en cierto sentido,
entre los varios sentidos, también él era
un "Victorian subject ".(6) Escribe y publica
su novela, y muchos libros más, en un Londres cuyas
condiciones históricas, sociales y materiales corresponden
al reinado de la Reina Victoria (1837-1901), del que no
se siente desvinculado. Luego de su partida de la Argentina,
en 1869, Londres fue su morada aunque su "verdadera
existencia terminó" según decía,
cuando se alejó del "círculo mágico
de la pampa",(7) cuando su territorio, poblados y pobladores
devinieron recuerdos, imaginación y nostalgia en
una misma escritura. Un problema de identidades cruzadas
y la inevitabilidad de comparaciones que el criollismo recio
y artero por el que Borges atravesaba en los años
20, resuelve, en términos generales, a favor del
forastero inglés en desmedro del orden autoritario
de los alemanes, de la soberbia crítica de los franceses
y la soberbia prescindente de los españoles:
"Los ingleses -algunos-, los trashumantes
y andariegos, ejercen una facultá de empaparse en
forasteras variaciones del ser: un desinglesamiento despacito,
instintivo, que los americaniza, los asiatiza, los africaniza
y los salva." (8)
Según ese primer Borges, La tierra cárdena
-así la denomina- es una secuencia de aventuras peleadoras
y lances de variado amor donde no deja de asombrar el horizonte
de una redención que asoma sobre la tierra. En su
luego denostado afán de derivación neológica,
dice de Hudson en particular: "inglés chascomusero
y hombre de ciencia universal que, en pleno siglo XIX, en
pleno progresismo y despuesismo, ensalzó la criollez."
En su ensayo "Sobre 'The Purple Land' ", Borges
reconoce a Hudson como el mayor escritor de literatura gauchesca
y no duda en incluir su obra primordial entre las de sus
escritores preferidos.(9)
¿Será por esa categorización vernácula
que, sorprendentemente, no lo menciona ni una sola vez en
los cursos de literatura inglesa (10) que dicta en Buenos
Aires? Sin embargo, le dedica unas líneas en su "Introducción
a la literatura inglesa",(11) junto a Robert B. Cunninghame
Graham. Según Borges, este "escritor, agitador,
político, cuentista, viajero y explorador" reivindica
la amistad londinense iniciada en recorridos y gustos compartidos
en el Río de la Plata: "Conozco cada río,
paso y pago por donde atravesó el héroe de
este relato, montado en su flojo y gordo mancarrón."
Cunninghame nace en Londres y muere en Buenos Aires, declarando
haber influido en Hudson para que publicara de nuevo "su
interesante y encantador idilio uruguayo"(12) . En
el prólogo a la edición española y
argentina de La tierra purpúrea (13), ese
amor figura en subtítulo, entre paréntesis:
"Un idilio uruguayo". El amor y la tierra o el
amor a la tierra desde el principio, ya que el género
"idilio"(14) lo remite a un amor tectónico
y la composición poética pastoral que originalmente
designa, más que a otras pasiones.
En su Antología de la Literatura Argentina,(15)
Pedro Henríquez Ureña lo considera uno de
los autores clásicos de esa literatura y -aunque
escrito en inglés- incluye el capítulo final
"El Uruguay",(16) traducción restringida
de "Good-bye to The Purple Land (Cap. XXVIII)",
habilitando una regionalización premonitoria a partir
de la identidad discutible de su autor. De la doble naturalidad
de su estilo decía Joseph Conrad: "Escribe como
crece la hierba." (17) Ezequiel Martínez Estrada
le dedica un espléndido libro El Mundo Maravilloso
de Guillermo Enrique Hudson,(18) donde insiste sobre
la apasionada atracción telúrica que ejerce
la tierra purpúrea en el narrador: "En cada
sitio que visita hubiera podido quedarse para siempre"
(19) y la incitación sentimental solidaria que comparte
con el lector a partir de la íntima cohesión
doméstica -son sus palabras- de las novelas pasionales
(20) entre las que no vacila en inscribir sus autóctonas
credenciales. Miguel de Unamuno escribe el epílogo
de una obra que encomia desde el principio: "Soberbia
obra! No conozco otra, en español, que me haya dado
mejor lo que se me antoja llamar el alma del Uruguay."
Sin duda exagera tanto en relación con una denominación
antojadiza como con la obra. El libro le recuerda el Quijote,
por el efecto de descripciones de "el paisaje que hace
del paisanaje oriental, un paisaje interior; como en Cervantes."
Termina Unamuno su epílogo, citando a Hudson y su
querencia entrañable por los lugares donde "vivió
y amó -soñó amar-". A Unamuno
le interesa señalar la íntima condición
afectiva que mantiene, aun después de haber accedido
a la britanización adoptiva, en un "United Kingdom"
que es puro amor, pureza primitiva apta para dirimir los
dilemas que oponen con facilidad barbarie y civilización:
"Y del reino unido de su corazón
sacó el alma de esos lugares, encerrada en sus mujeres,
para dárnosla en este libro. Y por debajo, como resaca
de tragedia, se siente el rumor de las luchas de Blancos
y Colorados. Todo un poema el libro!".
Es Thedore Roosevelt quien escribe la nota introductoria
("The Introductory Note") en la edición
que E.P. Dutton publica en 1916, y de la que se realizará,
hasta 1927, diez impresiones consecutivas. En la portada,
al mencionar el nombre del autor, dice: "Author of
'Green Mansions' ". Expresa su reparo ante una edición
que debiera haber incluido "El Ombú", Idle
Days in Patagonia, y Naturalist in La Plata y,
muy convencido, opina que "los escritos de Hudson forman
parte de esa muy pequeña clase de libros que merecen
el título de literatura.(21) Roosevelt insiste en
que su libro más notable es "El Ombú"
porque "da el alma misma de la tierra (...) and nowadays
the soul is changing as rapidly as the land itself."
Considera que Hudson ha hecho por el gaucho lo que Herman
Melville hiciera por los balleneros, atribuyendo su estatuto
literario al "jinete salvaje de las Pampas", al
dueño de ranchos, "solitario bajo el ombú
solitario" y, sobre todo, porque "Narra la feroz
y sangrienta carencia de leyes, el esplendor y la vasta
soledad del país donde ocurre esa vida fervorosa",
una épica de la que otras latitudes parecían
carecer y necesitar.
Son varias las limitaciones de tiempo y tema que me imponen
las circunstancias de manera que solo me restrinjo a formular
las primeras incursiones sobre el tópico de una hipóstasis
a contrapelo en el que las grandes pasiones se verbalizan
y confunden con la tierra como el verbo en carne. Habrá
que internarse en otros misterios que aún reserva
esa terra incognita y purpúrea de la novela.
Demasiado conocida, "desde el Sinaí pelado del
Cerro",(22) como decía Borges aludiendo al Cerro
de Montevideo, pierde, por familiaridad, el otro mundo del
texto, la ilusión de ayudar a que lo oscuro ascienda
hacia la luz, movimientos trascendentes del ánimo
que fueron aludidos, en forma coincidente, por quienes se
interiorizaron del libro y de las fervores que ha suscitado.
Por esta vez permanecemos en los márgenes del libro,
en esos umbrales que, menos poéticamente, fueron
denominados "paratextos" en tiempos en los que
la voluntad de verdad en literatura recurría a los
procedimientos de análisis, favoreciendo el reconocimiento
de elementos, de sus relaciones, los definía y prodigaba
con denominaciones y formulaciones precisas. Eran etapas
en las que la austeridad teórica respondía
al llamado de la técnica, de clasificaciones, categorías,
sistemas, reservándose, al mismo tiempo, meditaciones
en los márgenes, reconocimiento de "cordones",(23)
de marcos y marcas, que las manifestaciones artísticas
del siglo supieron soslayar anticipando la derogación
de fronteras, el tránsito que desconoce jurisdicciones
extendiendo fantasmal un "no man's land" mundial
donde navega a sus anchas quien así lo dice y propicia.
Era natural y previsible que, centrando la atención
en los límites, en los bordes, el interés
por las obras disminuyera y que los contextos, los puentes
que se tienden entre la obra y su entorno importaran tanto
como las obras mismas. Los escritos iniciales, finales,
paralelos, del propio autor, de otros autores y lectores
que se refieren a la figura y obra de Hudson, no solo pretenden
superar los límites de una patria particular, las
reducciones del recinto nacional, de un país, paisaje
y paisanos, sino intentan acceder a otro espacio literario,
un espacio casi sagrado, maqom (24)- musitaría en
hebreo para orientar una dirección hermenéutica
deslocalizada y cortar camino hasta el Más Allá
o llegar a una literatura que habilita el lugar interior
donde la Eternidad se hace de algún tiempo, en presente:
"Ricardo Lamb sí es eterno.
Es el héroe de toda fábula, es el quijote
normalísimo al que le basta ser esperanzado y audaz,
como a las mujeres buenas y lindas." (25)
En este caso, las aventuras que la novela cuenta inducen
la ilusión hacia alguna instancia anterior -o posterior,
el tiempo no cuenta-, una instancia donde el conocimiento
y la imaginación se apropian tanto de las exigencias
del relato como de la más precisa observación
de cuchillas que cortan ásperas praderas. Poeta y
naturalista, Hudson cuenta sus correrías con la misma
ardiente solvencia con que ilustra sobre paisajes, personas
y pájaros. Las invasiones y claudicaciones de los
ingleses en sus beligerantes campañas le importan
no mucho más que las iluminaciones chispeantes de
los insectos. A la luz de esas "linternas" los
acontecimientos se iluminan en una verdad mayor: la naturaleza
confunde hombre y tierra en un mismo polvo, y la religión
lo afirma. En alguna oportunidad, Hudson había dicho
de sí mismo: "Mi carne y la tierra, el calor
de mi sangre y el del sol, los vientos y las tempestades
de mis pasiones no son sino una y la misma cosa." (26)
Diez años después de haberla escrito, en
1885, W. H. Hudson logra que esa, su primera novela, fuera
publicada por Messrs. Sampson Low, en Londres. En el breve
prefacio que introduce la edición de 1904 (Londres
por J. M. Dent & Sons Ltd.) informa sobre la fecha de
su publicación, sobre los editores, se detiene a
recordar el título inicial que, según él:
"longer and, to most persons, enigmatical [title] of
THE PURPLE LAND THAT ENGLAND LOST." Sigue conservando
el subtítulo, BEING THE NARRATIVE OF ONE RICHARD
LAMB'S ADVENTURE IN THE BANDA ORIENTAL IN SOUTH AMERICA,
AS TOLD BY HIMSELF.
Aunque el autor no lo exprese de esta manera, nos enteramos,
a partir del prólogo, que son varias las pérdidas:
dice el autor haber omitido un capítulo referido
a la "Story of a Piebald Horse", incluido en la
edición reciente de otro libro: El ombú
(ambas palabras escritas en español, tanto el artículo
como el nombre del árbol que aparece con el tilde,
desconocido en inglés) y reducido "the tedious
introduction" de la edición anterior, de la
que conserva solamente el apéndice, "la parte
histórica, para aquellos de sus lectores que quisieran
conocer algunos hechos sobre "the Land that England
Lost", recuperando de esa manera, más disimulada
y, sin embargo, más concluyente, la -según
él- enigmática expresión que había
suprimido en un principio.
Los prefacios, de la misma manera que los comienzos de
un texto cualquiera, suelen ser un género apropiado
para hablar de títulos, y de los propios prefacios.
Se trata de un procedimiento incoativo casi convencional,
parte de una retórica autorreferencial del comienzo
que suele empezar por retroceder, un paso atrás,
generalmente, explicando el título, llamando la atención
sobre un texto anterior, sobre un objeto literario precedente
o, simplemente, sobre el pasado en el que se origina la
obra. Si bien el "prólogo es una especie lateral
de la crítica" (27) y su denominación
alude a la anticipación que es su función,
el autor dirige su vista -induciendo la del lector- hacia
un objeto anterior, que quedó atrás: la pérdida
de Inglaterra, la pérdida de parte del título,
dan su lugar a las andanzas y amores transcurridos en un
país demasiado lejano y hace muchos años.
En este caso, el prefacio de Hudson confirma ese gesto:
"tis of our gains, not our losses, we keep count."
El título es llamativo. Hudson mismo le da esa dimensión
diferente de la que se hablaba al principio: "A purple
land may be found in almost any region of the globe."
Más allá de los localismos que su vocabulario
invoca (tropilla, pulpería, chiripá, bota-de-potro,
domador, carne con cuero, tantos nativismos más)
y de las alternativas pintorescas que narra, la novela contrae
en una misma búsqueda -retórica, poética,
mística- las dos direcciones que determinan el pacto
de la imaginación: por un lado, los riesgos del espacio
clausurado, el tiempo, si no detenido, el recinto donde
se registran las luchas, radican las pasiones, el "sitio".
Montevideo, la ciudad sitiada que pasa a la crónica
con "the mournful appelation of"(28) una pequeña
o moderna Troya,(29) "una ciudad de batallas, crimen,
y muerte repentina", "las calles rojas de sangre,
y miedo" dice la copla que, en inglés, traduce
el autor. Por otro, los desafíos del espacio abierto
a todas las aventuras, la imprevisibilidad de los encuentros,
las emboscadas de un derrotero que el azar, a su manera,
no determina, los avatares de lo desconocido, el descubrimiento
de lo sobrenatural y la fabulación que no lo explica,
los accidentes que cifra la fatalidad y de los que alguien
cuenta sobre Nadie, un personaje que, sin embargo, no es
anónimo.
El libro reúne a ambas direcciones en una misma
misión. Richard Lamb recorre un itinerario circular
y el círculo se cierra precisamente cuando el narrador
le cuenta a la mujer (Demetria Peralta), al mismo tiempo
que la salva, su intención de escribir una novela
que está a punto de terminar (Cap. XXVIII). La vuelta
a la familia no se distingue de la fuga con Demetria, repitiendo
en pliegue, en espejo, la fuga con Paquita que realiza para
huir de su familia. Vuelve para irse, anunciando al final
de The Purple Land la futura escritura de esa misma novela
que ya está por terminar.(30)
En esos trámites arriesga una apuesta circular
y el término la formula en un verbo y un sustantivo
que no se diferencian; una gramática y semántica
diversa es clave de la misma imaginación, donde el
sitio (dentro de un círculo) y las andanzas (el movimiento
de la circulación) se contraen en una figura sin
fin ni principio que, sin embargo, clausura un espacio interior
y rodeado sin dejar de ser movimiento. La obra termina cuando
está por empezar.
No solo relata los enfrentamientos sangrientos entre bandos
contrarios y hombres de armas tomar, una ciudad que no se
ha recuperado de los efectos de la revolución o que
siempre se encuentra en vísperas de otra, un país
empapado en sangre por invasiones y sitios, por la violencia
de sus pobladores y de los asedios de sus invasores. La
violencia parece natural "if a man did not grow accustomed
to shed blood in this world, his life would be a burden
to him."(31) De los desbordes de una vida primitiva,
casi salvaje, de un río que enrojece la tierra, de
una tierra donde la sangre corre en ríos,(32) tal
vez como en toda la tierra porque si nos atenemos a las
palabras, a los orígenes, a los mitos de un pasado
edénico los hombres y la tierra se identificaban
en una unidad primordial que es purpúrea como la
tierra del título. (33)
Para distinguir la nacionalidad, el derecho recurría
a dos criterios como dos maneras de ser o de nacer antagónicas:
o la tierra o la sangre (34) que, sin embargo, se pueden
cruzar. Ni las legitimaciones del derecho ni los abusos
del horror dejan de pasar por alto que la tierra, el hombre,
la sangre, como la tierra, primera y humana, responden a
una única y misma voz que la naturaleza exalta.
Lisa Block de Behar
Bahía, 2000
(1) En junio del año 2000 tuvo
lugar el VII Congreso de ABRALIC sobre el tema "Terras
& Gentes", en Bahía, Brasil. El presente
escrito fue presentado en la mesa redonda sobre "Reconfigurando
identidades: o comparatismo na era dos Estudos Culturais
e Pós-Coloniais". compartida con Tania Franco
Carvalhal, Eduardo Coutinho y Jean Bessière
(2) Claude Vigée. Dans le silence de l'aleph.
"La mélodie de l'Un". Paris. Albin Michel,
1992.
(3) Jorge Luis Borges cita a Chesterton en Discusión.
Obras completas. Emecé, Buenos Aires, 1974. P.
231.
(4) Robert Cunninghame Graham. W.H. Hudson. La tierra
purpúrea. Agencia General de Librería
y publicaciones. Buenos Aires, Montevideo (Sin fecha). El
epílogo de Miguel de Unamuno es de 1927. La misma
edición se publica en España. Sociedad General
Española de Librería. Madrid, 1928. Versión
castellana y notas biográficas de Eduardo Hillman.
(5) "Poco tiempo después de su muerte se elevó
una estela monumental a su memoria en el Hyde Park, en el
mismo lugar donde acostumbraba a dar de comer en la mano
a las palomas y escuchar la algarabía vespertina
de los gorriones, tan semejantes a él, según
las descripciones de quienes conocieron su figura y sus
predilecciones. La inscripción, bajo la figura de
Rima, que lo representa en su auténtica condición
de ser casi inmaterial, dice que amó la luz, los
campos verdes y que vio el esplendor del manto de Dios."
El mundo maravilloso de Guillermo Enrique Hudson.
Ezequiel Martínez Estrada. Fondo de Cultura Económica.
México - Buenos Aires. 1951. P. 76. La estela, las
inscripciones y la fuente en que se reflejan se encuentran
en el llamado "Birds Sanctuary" de Hyde Park.
(6) J. Hillis Miller. Victorian Subjects. Simon &
Schuster. New York, London, 1990.
(7) J.L. Borges. Otras inquisiciones. "sobre
"The Purple Land". Obras Completas. Op. Cit. P.
735. Había sido publicada como "Nota sobre 'The
Purple Land'" en LA NACION, 3/8/1941.
(8) J.L. Borges. El tamaño de mi esperanza.
1a. ed. PROA. Buenos Aires, 1926. Seix Barral. Buenos Aires,
1993. Ps. 33- 37
(9) Emir Rodríguez Monegal. J.L.Borges, biographie
littéraire. París, 1983. P. 242.
(10) Borges Profesor. Edición, investigación
y notas de Martín Arias. y Martín Hadis. Curso
de literatura inglesa en la Universidad de Buenos Aires.
Emecé. Buenos Aires, 2000.
(11) J.L. Borges con María Esther Vázquez.
"El siglo XIX. La prosa". Introducción
a la literatura inglesa. Obras Completas en colaboración.
(1965) Emecé. Buenos Aires, 1979.
(12) R. Canninghame Graham se refiere a la 2a. ed. en inglés,
de 1904.
(13) W.H. Hudson. La tierra purpúrea. Ibidem
(14) El término procede del latín del Renacimiento
y designa como idillyum (del gr. eidullion), "pequeño
poema" que designaba, según los eruditos bizantinos,
los poemas de Teócrito, a los que hasta ahí
se denominaban églogas o bucólicas.
(15) Pedro Henríquez Ureña y Jorge Luis Borges.
Antología clásica de la literatura argentina.
Editorial Kapelusz y Cía. Buenos Aires. (19--)
(16) En la traducción de Eduardo Hillman.
(17) Cita de J.L. Borges. "Introducción a la
literatura inglesa." Op.Cit. P.839
(18) Ezequiel Martínez Estrada. El Mundo Maravilloso
de Guillermo Enrique Hudson. Op.Cit.
(19) Ibidem, 190.
(20) Ibidem. P. 195.
(21) Theodore Roosevelt. "An Introductory Note".
E.P.Dutton and Company. New York, 1916.
(22) Borges. "La tierra cárdena". El
tamaño de mi... . Op.cit.
(23) Lisa Block de Behar. Una retórica del silencio.
Sobre las funciones del lector y los procedimientos de la
lectura literaria. Siglo XXI editores, México,
1984.
(24) En hebreo significa "lugar". "Maqom
est ce mot mystérieux par lequel la tradition désigne
souvent Dieu lui-même." C. Vigée. Op.cit.P.
49.
(25) J.L. Borges. "La tierra cárdena".
El tamaño de mi esperanza. Op.cit. P.36.
(26) Hudson. Hampshire Days. Citado por Martínez
Estrada. Op.cit. 283.
(27) J.L. Borges. "Prólogo de prólogos."
Obras Completas. Tomo IV. Buenos Aires, 1996. P.13.
(28) Hudson. La tierra purpúrea. Op.cit. P.
8.
(29) Ibidem.
(30) Hudson The Purple Land: "Do you know, Demetria,"
I said, "when the long winter evenings come, and I
have plenty of leisure, I intend writing a history of my
wanderings in the Banda Oriental, and I will call my book
The Purple Land; for what more suitable name can
one find for a country so stained with the blood of her
children? You will never read it, of course, for I shall
write it in English and only for the pleasure it will give
to my own children -if I ever have any- at some distant
date, when their little moral and intellectual stomachs
are prepared for other food than milk. But you will have
a very important place in my narrative, Demetria, for during
these last days we have been very much to each other. And
perhaps the very last chapter will recount this wild ride
of ours together, flying from that evil genius Hilario to
some blessed refuge far away beyond the hills and woods
and the blue of the horizon." Op. Cit. P.330.
(31) W.H.Hudson. The Purple Land ..... J.M. Dent
& Sons Ltd. London, 1904.
(32) Dice Hudson "since the last wave, crested with
bloody froth, rolled its desolating flood over the country."
Ibidem P. 13.
(33) En el prólogo de Far away and long ago,
Robert Canninghame Graham dice: "De todos los escritores
que recuerdo, Hudson es el que más se acercaba a
la naturaleza. Era en sí la naturaleza personificada."
Londres, 1904. Trad.: Allá lejos y hace tiempo.
Edit. Peuser. Buenos Aires, 1953.
(34) "Jus sanguinis" y "jus soli".