Una retórica del silencio
México: Siglo XXI, 1984 (1a. ed.) ; 1994 (2a. ed.).

 

 

"A mi padre
A Paloma, mi hermana"

 

 

 

 


Capítulo [1]
PRIMERAS DELIMITACIONES: CONTRA LOS RIESGOS DEL PRINCIPIO*

A fin de evitar dispersiones que podrían complicar y extender desmesuradamente los límites de este trabajo, conviene prever desde un principio las derivaciones conjeturales que arriesga un tema propuesto antitéticamente, y controlarlas. Es cierto que el título formulado afirma una contradicción y es necesario hacer constar, desde ya, que debe interpretarse como tal, así como se anticipa: una retórica del silencio. La retórica, una disciplina que desde la antigüedad se ha entendido ambivalentemente, vale aquí en sus dos sentidos, como estudio de las especulaciones dialécticas de la mente tanto como arte del decir y de la elocuencia. Es esa disciplina la que en este caso se trata de aplicar al silencio verbal, un objeto tácito considerado también en su sentido propio porque aparece restringido sólo a la ausencia fonética, una forma parcial de la ausencia sonora; se designa así específicamente el silencio de la lectura, la suspensión de la voz por una palabra que no se articula, que no se dice pero que está presente.

Estas precisiones se anticipan sobre todo para no atenuar una contradicción que, establecida por el título, no tiene por qué extrañar ya que no hace más que inscribirse en una prolongada tradición titular. Con regularidad y frecuencia se observa la fórmula antitética como uno de los modelos más aptos para esta redacción paratextual, inscripciones que, sin constituir el texto mismo, lo introducen sinópticamente. Entre tantos otros, los títulos de Molière parecen proponer los ejemplos más característicos de este "principio de contradicción".

Un inventario poco pretencioso de sus títulos más conocidos cifra la clave de la obra de Molière en una figura, precisamente la antítesis, que, más o menos explícita, muestra el recurso-recurrencia a términos que su teatro desarrolla como sólo provisionalmente contradictorios: El burgués gentilhombre, Médico a su pesar, Las preciosas ridículas, El enfermo imaginario, El misántropo ("el verdadero misántropo es un monstruo" había dicho Rousseau). Un crítico observaba hace poco: "Cada vez que Molière dice una palabra, la esconde con otra".

La contradicción que formulan a menudo tantos títulos, y propuestos para tan diversos géneros, no se explica solamente por la mera observación del modelo antitético ni por la atracción que ejerce una figura particularmente llamativa; tal vez la (di-)solución antitética que aparece en los títulos pueda entenderse también como índice de una confusión incoativa, previa y catafórica, inherente a las tentativas anticipatorias a toda elaboración, algo así como el chaosmos de Joyce, designación de la unidad (polisemia original de uno que vale tanto como unidad, propiamente singular, tanto como iniciación, el origen), a partir de la cual se intentan las primeras distinciones, un orden, los pasos iniciales hacia la creación y el conocimiento.

La abundancia excesiva de estas aclaraciones denominativas procura básicamente prevenir contra la tentación paradojal ya que no corresponde aquí establecer l'étonnant accord que, según Pierre Fontanier, remata toda paradoja conciliando la adversidad entre términos que se han consignado como contrarios. Se insiste: los términos del título cuentan en su significado propio y corresponde mantener una oposición que no debe resolverse. Sobre todo, y es necesario advertirlo explícitamente, el silencio no se entiende como "ese silencio-que-vale-más-que-las-palabras" (asumo la trivialidad del estereotipo y de sus eventuales versiones posibles).


*Una versión anterior, en francés, de este trabajo, fue presentada en la École des Hautes Études en Sciences Sociales de París como tesis de doctorado al profesor Gérard Genette -a quien expreso todo mi reconocimiento. El profesor Genette convocó un jurado constituido por los profesores Louis Marin y Jean-Yves Tadié.

 

 

 


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